Sábado maravilloso. SalĂ en la tarde a lo de una amiga pues hacĂa semanas que planeabamos juntarnos en grupo para celebrar los cumpleaños del mes. Se ha vuelto una tradiciĂłn para nosotros eso de encontrarnos cada cierto tiempo queriendo compartir con el otro. Llevaba dĂas pesaditos, de disociaciĂłn, una se logra lucrar con sus tragedias y dramatiza sus pesares, o al menos eso fue lo que hice por una noche entera cuando lloraba hasta exprimirme. Me sentĂa de diecisĂ©is, chillando en la cama, sintiendo que el mundo se me venĂa encima, creyendo que la razĂłn de mi dolor era completamente justificada -aunque no encontrara punto de partida o por quĂ© de las lágrimas si yo no era asĂ- hasta que al siguiente pude verlo en mi ropa: me habĂa llegado la regla.
Me tomĂ© mi tiempo en el trayecto, fui la Ăşltima en llegar, no tenĂa excusas. En el camino saquĂ© varias fotos como poeta enamorada cuando se observa un paisaje y observa con los ojos de la ternura, incluso saquĂ© varias fotos mĂas al llegar, pero la mayorĂa quedaron distorsionadas, no sabĂa si por nerviosismo o por estilo, o porque soy más de estar detrás de la cámara que en frente de esta, tampoco sĂ© si fue el alcohol, o el modo nocturno que exige un tiempo más prolongado en la misma posiciĂłn -lo cuál es imposible para un ser humano-.
Heme aquĂ, temblando y apretando el obturador mientras tanto:
Vengo a hablar de las otras fotos que tomĂ© del mismo calibre, que a pesar de ser imperfectas, y de que mi profesora de fotografĂa en el primer semestre de comunicaciĂłn audiovisual -carrera que abandonĂ©- me habrĂa hecho borrar porque decĂa: ¡si está borrosa, no sirve! A mĂ me gustan, a mĂ me sirven, erráticas y turbulentas, complejas de ser leĂdas, como la naturaleza humana, como la personalidad mĂa.
Ayer, de noche, las luces de la ciudad parecĂan notas musicales vibrando en un pentagrama imaginario:
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