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sábado, 19 de julio de 2025

El nacimiento


Últimamente me ha llegado un pensamiento a la cabeza: ¿cómo podría ser de nuevo lo que fui? ¿Cómo dejo aflorar mi creatividad para crear como antes? Hace dos días pinté algo para mi hermana, al princpio comenzó todo como un chiste, me dijo que había un concurso de pintura en su trabajo, así que me dio los materiales y me dijo que le pintase algo para que pudiera ganar ya que claramente es solo para empleados. No quería hacerlo, pero al tener un bastidor, una cajita básica de pinturas de colores primarios, dije, ¿qué más da? El resultado me fascinó, y el tiempo se me fue volando mientras lo hacía. 


El tema aquí es que me divertí mucho creando, más que todo cuando pintaba, me concentré tanto que cada trazo que realizaba lo sentía divino, mi mente sabía perfectamente que hacer, en sincronía con mi mano, podía ver la pintura acabada, lo que me daba más ideas sobre cómo combinar algunos colores para obtener otros, no seguí instrucciones, ni siquiera me restringí a que se tenía que parecer a algo, la pintura se hizo solita, yo solo tenía mis manos como herramientas. El proceso me fascinó. Cuando era niña pasaba mis tardes haciendo alguna manualidad con lo que fuera que tuviera en casa, rollos de papel higiénico y papel maché, cartulina y pegamento, pasaba mis tardes creando. Luego, en mi adolescencia, creaba también, pero digitalmente, ya que a esto se le sumó mi incursión a la internet. 

Me perdí en el momento en que me enfermé gravemente de depresión, más o menos entre mis 14-22 años, no recuerdo casi nada de mi vida luego de eso, escribir era en lugar de un refugio, una actividad para vomitar todo lo que tenía adentro. Hay un vacío en mi cabeza con respecto a mi vida en esos años hasta el 2024 que comencé a despertar de a poco, antes de eso, creo que estuve adormecida. 

Quiero volver a crear pero solo por el arte de hacerlo, no porque espere alguna ganancia de ello, esa era la única manera en que me nacía y me divertía, en que me gustaba, en que me atrevía a experimentar y tenía la voluntad para hacerlo, a veces lo subía pero otras veces solo me quedaba con ello, buscaba siempre la manera de seguir creando sin esperar nada a cambio.

Quizás de eso se trata, quizás eso me ayude a ser un poco más feliz ahora en mi adultez, quizás eso suprima la tristeza qu me consume, que me come viva a cada minuto, a diario.

sábado, 21 de junio de 2025

Naranja dulce, limón partido


naranja dulce
limón partido
dame un abrazo
que yo te pido

Creo que me voy a resfriar. Hace dos semanas que mi papá vino a visitarnos a la ciudad, y debo decir que han sido los días más tranquilos de mi año, he podido aprender de él más en estos días que en todo este tiempo en que he sido su hija. Anteriormente, las pocas veces que nos visitaba, solía venir acompañado, también lleno de trabajo, lo que hacía que siempre estuviera disperso u ocupado en otras cosas (otras personas), pero esta vez llegó solo, fue como si lo tuviera solo para mí, comíamos juntos, hablábamos, y reíamos, sumado a que por fin descansaba como era debido, y reía a diario. 

Cuando era niña solía esperarlo pegada contra la ventana cada vez que visitaba la ciudad, estar con él era mi cosa favorita en el mundo. Creo que estos días pude volver a sentir pequeños retazos de la niña que amaba a ese hombre y lo daba todo por pasar una tarde con él, a carcajada limpia. ¡Qué ganas de que mis recuerdos actuales de él sean tan adorables como los de antes! Al menos mi percepción cambia con los años, se va enterneciendo. 

si fuera falso mi juramento
por algún tiempo se olvidará 

En este tiempo descubrí que le hubiese gustado estudiar gastronomía, también que le gusta la fotografía. Son momentos así los que me hacen pensar: es un ser humano más (algo obvio), en algún momento fue un niño y tuvo sueños, como yo, en algún momento quiso cosas para su vida, y esta fue moldeándolo de a poco, fue enseñándole qué camino le tocaba vivir. 

Es extraño, a mí me genera mucha nostalgia pensar en ese hecho. Mis papás también fueron niños, también tenían sueños, también querían encontrar su lugar en el mundo, justo como yo. 

toca la marcha, mi pecho llora,
adiós señora, yo ya me voy

¿Qué ocurre cuando crecemos que los años nos comienzan a aplastar? Que parece más visible la pelea contra la muerte que jamás ganaremos. ¿Qué ocurre cuando uno mira hacia atrás y se da cuenta que en un abrir y cerrar de ojos todo yace extinto?


P.D. Suena el tecleo de fondo. Nada más. Mi papá prepara chocolate caliente, porque después de que supo que me encantaba, ahora lo prepara dos veces al día. La vida es muy buena y muy bonita hoy.


miércoles, 4 de junio de 2025

Sobrevivió el esqueleto

Aún me repongo de los estragos de Mayo, me pareció eterno, como si me hubieran metido tres meses en uno. A destacar resalto muchos acontecimientos, como por ejemplo que leí cuatro libros, dos de ellos en una misma semana:

*Stuart, A Life Backwards de Alexander Masters.
*The Hunger Games y *Catching Fire de Suzanne Collins. 
*Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

Para el primer libro, le escribí al autor en una de sus redes sociales, contándole lo que me había conmovido con la historia, que es acerca de una persona real que él conoció, y me respondió. Aquel hecho me hizo muy feliz.

Recuento:
En Mayo fui a cine dos veces (vi Thunderbolts* y Lilo & Stitch, la última con mi hermana). Asistí a un afrofestival con Lady Di. Me enfermé por segunda vez de una infección que no me daba hacía un año (hasta el día de hoy sigo tomando medicamentos para eso). Fui a un restaurante asiático que me gusta muchísimo por sus cócteles, a pesar de que no pude beber una gota de licor por los antibióticos. No he bebido alcohol desde hace un mes precisamente porque he estado saltando de enfermedad en enfermedad (no hay mal que por bien no venga). Hice nuevos conocidos. Abrí otro blog para hablar de mi hermana. Re-abrí mis redes sociales. Tuve crisis existenciales que me hundieron dos veces y llegué a la conclusión de que tengo un impedimento crónico en el que no puedo estar alegre más de tres días seguidos, al menos ese es el récord de alegría, tres días. Ni siquiera felicidad, esa solo la sentí una vez en todo el mes. Pensé en Dolores a diario de manera ansiosa (cosa que ya se ha calmado bastante), pero no sucumbí en ningún momento a esa desesperación. No he sucumbido en todo este tiempo. Me topé con blogs nuevos, esperando que nadie nunca se tope con el mío (mentira). Me hice un montón de planes, no cumplí ni uno. Me reinventé muchas veces, cada semana era una nueva.

Viendo hacia atrás, puedo valorar el mes que fue, todo lo que viví, pero experimentarlo de primera mano fue otra cosa muy distinta, se sintió como una montaña rusa de vueltas empinadas y mortíferas, aunque he aprendido a aguantar la respiración, a cerrar los ojos, a mantener la calma. Hasta ahora me recupero de las náuseas, requiero de medicina y ternura para remendar los daños colaterales. Supongo que de eso se trata la vida: de atravesar el tiempo como si de un campo minado se tratara, resultar invicto al final, pero magullado y distinto. 

A veces, cuando siento que estoy detestando un poco mi vida, me gusta recordarme que estoy viviendo la mayoría de cosas que quería para mí en mi adolescencia, y entonces intento levantarme un poco. 


P.D. Seguiré levantándome las veces que sea necesario, pero a veces, también es reconfortante dormir en el piso. Suena Possibly Maybe de Bjork al fondo.


jueves, 27 de febrero de 2025

Pero de pie

Llevaba días sintiéndome derrotada. Pensaba más seguido en la muerte que nunca, no soportaba verme al espejo. Aquello no ha cambiado tanto, el sabor insísipido de los días se ha convertido en un puré de papa con ketchup: intragable; y he intentado sobreponerme a ello, quizás no con la suficiente fuerza como para erradicar los pensamientos de mi sistema, pero algo es algo.

Mis palabras se tintan de dolor y lágrimas. No siento los días que transcurren sin un mínimo de piedad. No hay tregua, la cotidianidad se torna insoportable.

Este fin de semana, al menos, pude ver a mis amigos y quererlos. Viajamos juntos, nos bañamos en el mismo jacuzzi, compartimos cena, desayuno, almuerzo, en ese orden. Casi un día entero de sonrisas, conversaciones reflexivas, respiros al fin. Me siento afortunada de haberme topado con ellos. Me alegra que sus días estén tintados de alegría, por lo menos. 

Dejo fotos de un fragmento del viaje como si pudieran reemplazar el poco detalle brindado ante mi pesimismo emocional acutal. 







¡Y aquí estoy yo! Temblando de sosiego ante el abismo, pero de pie. 
 

domingo, 7 de julio de 2024

No es primero de enero


Sábado maravilloso. Salí en la tarde a lo de una amiga pues hacía semanas que planeabamos juntarnos en grupo para celebrar los cumpleaños del mes. Se ha vuelto una tradición para nosotros eso de encontrarnos cada cierto tiempo queriendo compartir con el otro. Llevaba días pesaditos, de disociación, una se logra lucrar con sus tragedias y dramatiza sus pesares, o al menos eso fue lo que hice por una noche entera cuando lloraba hasta exprimirme. Me sentía de dieciséis, chillando en la cama, sintiendo que el mundo se me venía encima, creyendo que la razón de mi dolor era completamente justificada -aunque no encontrara punto de partida o por qué de las lágrimas si yo no era así- hasta que al siguiente pude verlo en mi ropa: me había llegado la regla. 

Me tomé mi tiempo en el trayecto, fui la última en llegar, no tenía excusas. En el camino saqué varias fotos como poeta enamorada cuando se observa un paisaje y observa con los ojos de la ternura, incluso saqué varias fotos mías al llegar, pero la mayoría quedaron distorsionadas, no sabía si por nerviosismo o por estilo, o porque soy más de estar detrás de la cámara que en frente de esta, tampoco sé si fue el alcohol, o el modo nocturno que exige un tiempo más prolongado en la misma posición -lo cuál es imposible para un ser humano-.

Heme aquí, temblando y apretando el obturador mientras tanto: 


Vengo a hablar de las otras fotos que tomé del mismo calibre, que a pesar de ser imperfectas, y de que mi profesora de fotografía en el primer semestre de comunicación audiovisual -carrera que abandoné- me habría hecho borrar porque decía: ¡si está borrosa, no sirve! A mí me gustan, a mí me sirven, erráticas y turbulentas, complejas de ser leídas, como la naturaleza humana, como la personalidad mía.

Ayer, de noche, las luces de la ciudad parecían notas musicales vibrando en un pentagrama imaginario: 


Los faroles y bombillas besaban las flores de ramas erguidas hacia el viento: 


Y la vida me congelaba a pedazos, como si nada más de mí pudiese quedar capturado completamente: 


No me arrepiento de nada ni del tequila, ni del sushi casero que enrollé con mis propias manos para concursar luego con los de mis amigos, ni de comer un revoltijo de cosas que me generaron un daño estomacal, ni de durar con acidez todo el día... A veces lo único que uno necesita es que los amigos lo perciban, que duerman hombro con hombro, que te acompañen comiendo, que te digan lo que piensan de vos. A veces una cree que está perdida y que no vale nada: es la mirada de un amigo la que salva, reconforta, abraza. 

Habito en silencio, pero tengo una película por ver: Asteroid city, de Wes Anderson. 

P.D. ¿Se puede inventar uno una palabra así como así y reclamar su autoría? 


sábado, 29 de junio de 2024

De adultez y de nada

Ser adulto es enfrentarse constantemente a que ya no eres lo que estabas construyendo cuando creías que las cosas se componían de cierta manera, así mismo es toda la vida, supongo que es una condición del ser humano el hecho de reinventarse tanto... Valoro muchas cosas que antes no habría podido pensar a profundidad, ¿será eso a lo que se refieren cuando hablan de que se desarrolla tu lóbulo frontal en el cerebro?

Acabo de salir de una ruptura que me exprimió de todas las maneras posibles. Antes me habría tomado muy poco tiempo superarlo y seguir adelante, matar esa persona dentro de mí, pero ahora cada día que pasa es darme cuenta de las cosas que ocurrieron, de lo que hice, de lo que me hicieron, de lo que dejé pasar, y de lo que todavía tengo por decir pero que no diré porque hace parte de mi proceso, no del otro. Tener una noción tortuosa del tiempo que transcurre. Intento respetar los espacios, no buscarle, no normalizar eso de espiarle desde lejos si claramente nos hemos eliminado de todas partes. Le silencié, borré su número y contacto, evito a toda costa ir a buscarle. Quizás es por eso que desde la ruptura seguíamos apareciendo hasta que vimos que era contraproducente hacerlo. Era innecesario y doloroso. No voy a caer en eso tan bajo de enviarle indirectas, de mentir al decir que no siento nada, de fingir una "superación" milagrosa de los varios meses de relación que compartimos, ni siquiera me interesa restregar cómo sigo adelante, porque a pesar de que sí esté siguiendo, no es de mi interés no ser genuina con mis emociones: si me duele, voy a abrazar el sentimiento, si me tranquiliza, lo agradeceré, así como también soy consciente de que estoy mejor así, muchísimo mejor, en paz. La mejor decisión que pudimos haber tomado fue esa, y nadie me lo va a poder quitar de la mente en mucho tiempo.

Nunca es bueno permitir que una persona se lleve tanto, cuando comienzas a perderte a ti mismo para complacer al otro, para cumplir sus caprichos, para dejar pasar las toxicidades que deberían ser erradicadas en una relación en lugar de perpetuadas, lo mejor que hay que hacer es terminar. 

Cuando era una adolescente solo reprimía cada dolor, creía que era lo óptimo para no sufrir, era una roca. Ahora sé que amar de verdad nunca va a ser una pérdida, y que al final me iré tranquila porque lo di todo, orgullosa de mí por hacerlo bien, sin remordimientos ni miradas hacia atrás. Esa soy yo.

Siempre me pregunto cómo hacen las personas mayores para llegar a la adultez y olvidarse del niño que fueron, o también para no desligarse de este y no sanarlo, cómo hacen para vivir con la sombra de lo que hicieron otros con ellos al crecer. Vivo cada día pensando cómo puedo honrar esa niña que fui, cómo puedo tener mis sueños sin atrofiar los suyos, cómo puedo negociar con ella el hecho de que no tenemos la vida que tanto fantaseamos.

Suena "Caught in between" de Micah P. Hinson.