martes, 15 de septiembre de 2026

El sonido del silencio


El sonido del silencio es una respiración. Costó años descifrarlo. En las épocas más oscuras imploré con el peso aplastado en las rodillas, la boca reseca, el palpito resquebrajado. Buscaba más allá del techo una respuesta, la que fuera, por mínima que resultara. Necesito algo, necesito algo, necesito algo. Lo que sea. Lo necesito. Lo necesito porque hay una tendencia aberrante por destruir Io que adquiero, por estrujarlo, y reventarlo. Busco una nueva vida que me permita encarar lo que tanto se me recrimina. Lo agarro cuidadosamente—es el punto principal del trayecto; desmenuzar la superficie, arrancar el entre-medio, llegar al núcleo con un hambre avasalladora y buscar, al final, extraer su material, acabarlo. Es una fijación que solo los abandonados entenderían, los problemáticos empedernidos, los que no caben en ningún lugar, ni siquiera en un ataúd hecho a la medida porque los huesos seguirán creciendo, porque al sucumbir a la tierra van a brotar raíces de malezas. Necesito una respuesta porque soy la hiedra que renueva el veneno. Ya no pido bondad, está sobrevalorada. Pido, quizás, redención, plenitud. Jamás haré parte de nada sin la absolución.

Se unen las manos en el rito triste que asemeja las flagelaciones antiguas cuando el ser humano todavía creía en la salvación del alma, en las señales divinas, en la compasión de los padres frente a heridas que sangran y se pudren.



Padre, padre, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de salvarme? ¿Por qué no resuenan mis palabras en tus oídos misericordiosos? ¿Por qué mi clamor se detiene en la superficie impenetrable? ¿Por qué estos lamentos arrastrados siguen taladrando? ¿Por qué yo? No hay gozo ni muerte, solo una expiación insípida que se extiende hasta el final de los días, una condena constante que se reinicia siempre, una pesadilla que gatilla hasta la degradación.


Entre tanto, sigo preguntándome por qué guardas silencio, por qué no hay respuesta. Abro los ojos como platos de frente a una penumbra abismal, tambaleante en medio del pasillo negro, con figuras fantasmagóricas puestas contra la pared, resultando en espejismos insoportables de un anhelo roto. Se oyen gritos y súplicas, llantos y alaridos. Con la voz desgarrada que reviento. Y luego, silencio. Solo eso. Se vuelve a cuestionar la misma retahíla de ruegos que piden piedad o alivio. Nada. Una apología a esta vida baja. No hay certeza de respuesta. Solo abunda un vacío que ensordece hasta el final. Quizás en la muerte, y solo en el final, es cuando da uno con la respuesta. ¿O no?


Más allá del silencio y de la oscuridad no queda más que la respiración. Todo ser que respira proclama, también, tu presencia. Lo primero que hacemos al llegar es inhalar el mundo, lo último que hacemos antes de partir es exhalarlo. Lo dejamos ir de la misma manera en que nos damos a la muerte. Tu nombre que no podría conocer de jeroglíficos mundanos tenía que ser otro tipo de lenguaje. Te respiramos y estás en todo, expandimos los pulmones bajo cada situación, cuando temo es cuando más me lleno de su presencia, cuando busco tranquilidad, solo debo inhalar más hondo. Siempre estuvo.

lunes, 4 de agosto de 2025

del mal dormir

Confieso que siempre le he tenido miedo a la oscuridad, a encontrarme sola en un espacio vacío en donde no vea nada más que una nada negra y absoluta. Anoche me dormí pensando en que al ser adulta no debería tener esa clase de miedos. No es que estos se supriman cuando crecemos, al contrario, es muy humano tenerlos, sin embargo, creo que hay temores de infancia que con el tiempo, al ser enfrentados o racionalizados, deberían disiparse aunque sea un poco. En cambio, yo sé que es irracional porque no tiene fundamentos, sé que no tiene mucho sentido temerle a la oscuridad o a dormir sola a estas alturas, pero llega la noche y me siento intranquila. Así todos los días, sin razón aparente. Esto me ocurre en todas partes, me incomoda dormir sola, me incomoda intentar conciliar el sueño por las noches, y sí, también me ocurre en mi propia habitación. 

Cada noche duermo con la luz de mi móvil encendida que suele apagarse en diez minutos, pero mi cerebro no logra apagarse antes que eso, por lo tanto, estoy constantemente tocando la pantalla hasta que puedo entregarme al sueño. A veces incluso despierto en la madrugada y no abro los ojos inmediatamente, primero tanteo el lado de mi cama hasta encontrarme con el aparato y poder encenderlo para, ahora sí, abrir los ojos. 

Solo puedo dormir tranquila o sentirme segura cuando duermo con alguien más, y eso es triste.

Desde anoche me pesa mucho el abrumante pensamiento de que ni siquiera cuando duermo me siento segura. ¿Cómo puede estar toda mi vida marcada por una angustia crónica? ¿Cómo cada aspecto de mi vida está bordado a ser incómodo y frustrante? Con razón nunca descanso, con razón mi sueño es tan ligero, que cualquier sonido o movimiento me pone en alerta, siempre me ha sido difícil dormir con profundidad, con razón mis despertares son amargos, soy un perro callejero que dormita sentado contra la pared, incapaz de dar la espalda o bajar la guardia.


P.D. Mi frase más repetida este año es: "Necesito volver a terapia". Mi promesa más incumplida también ha sido aquella. 


sábado, 19 de julio de 2025

El nacimiento


Últimamente me ha llegado un pensamiento a la cabeza: ¿cómo podría ser de nuevo lo que fui? ¿Cómo dejo aflorar mi creatividad para crear como antes? Hace dos días pinté algo para mi hermana, al princpio comenzó todo como un chiste, me dijo que había un concurso de pintura en su trabajo, así que me dio los materiales y me dijo que le pintase algo para que pudiera ganar ya que claramente es solo para empleados. No quería hacerlo, pero al tener un bastidor, una cajita básica de pinturas de colores primarios, dije, ¿qué más da? El resultado me fascinó, y el tiempo se me fue volando mientras lo hacía. 


El tema aquí es que me divertí mucho creando, más que todo cuando pintaba, me concentré tanto que cada trazo que realizaba lo sentía divino, mi mente sabía perfectamente que hacer, en sincronía con mi mano, podía ver la pintura acabada, lo que me daba más ideas sobre cómo combinar algunos colores para obtener otros, no seguí instrucciones, ni siquiera me restringí a que se tenía que parecer a algo, la pintura se hizo solita, yo solo tenía mis manos como herramientas. El proceso me fascinó. Cuando era niña pasaba mis tardes haciendo alguna manualidad con lo que fuera que tuviera en casa, rollos de papel higiénico y papel maché, cartulina y pegamento, pasaba mis tardes creando. Luego, en mi adolescencia, creaba también, pero digitalmente, ya que a esto se le sumó mi incursión a la internet. 

Me perdí en el momento en que me enfermé gravemente de depresión, más o menos entre mis 14-22 años, no recuerdo casi nada de mi vida luego de eso, escribir era en lugar de un refugio, una actividad para vomitar todo lo que tenía adentro. Hay un vacío en mi cabeza con respecto a mi vida en esos años hasta el 2024 que comencé a despertar de a poco, antes de eso, creo que estuve adormecida. 

Quiero volver a crear pero solo por el arte de hacerlo, no porque espere alguna ganancia de ello, esa era la única manera en que me nacía y me divertía, en que me gustaba, en que me atrevía a experimentar y tenía la voluntad para hacerlo, a veces lo subía pero otras veces solo me quedaba con ello, buscaba siempre la manera de seguir creando sin esperar nada a cambio.

Quizás de eso se trata, quizás eso me ayude a ser un poco más feliz ahora en mi adultez, quizás eso suprima la tristeza qu me consume, que me come viva a cada minuto, a diario.

sábado, 21 de junio de 2025

Naranja dulce, limón partido


naranja dulce
limón partido
dame un abrazo
que yo te pido

Creo que me voy a resfriar. Hace dos semanas que mi papá vino a visitarnos a la ciudad, y debo decir que han sido los días más tranquilos de mi año, he podido aprender de él más en estos días que en todo este tiempo en que he sido su hija. Anteriormente, las pocas veces que nos visitaba, solía venir acompañado, también lleno de trabajo, lo que hacía que siempre estuviera disperso u ocupado en otras cosas (otras personas), pero esta vez llegó solo, fue como si lo tuviera solo para mí, comíamos juntos, hablábamos, y reíamos, sumado a que por fin descansaba como era debido, y reía a diario. 

Cuando era niña solía esperarlo pegada contra la ventana cada vez que visitaba la ciudad, estar con él era mi cosa favorita en el mundo. Creo que estos días pude volver a sentir pequeños retazos de la niña que amaba a ese hombre y lo daba todo por pasar una tarde con él, a carcajada limpia. ¡Qué ganas de que mis recuerdos actuales de él sean tan adorables como los de antes! Al menos mi percepción cambia con los años, se va enterneciendo. 

si fuera falso mi juramento
por algún tiempo se olvidará 

En este tiempo descubrí que le hubiese gustado estudiar gastronomía, también que le gusta la fotografía. Son momentos así los que me hacen pensar: es un ser humano más (algo obvio), en algún momento fue un niño y tuvo sueños, como yo, en algún momento quiso cosas para su vida, y esta fue moldeándolo de a poco, fue enseñándole qué camino le tocaba vivir. 

Es extraño, a mí me genera mucha nostalgia pensar en ese hecho. Mis papás también fueron niños, también tenían sueños, también querían encontrar su lugar en el mundo, justo como yo. 

toca la marcha, mi pecho llora,
adiós señora, yo ya me voy

¿Qué ocurre cuando crecemos que los años nos comienzan a aplastar? Que parece más visible la pelea contra la muerte que jamás ganaremos. ¿Qué ocurre cuando uno mira hacia atrás y se da cuenta que en un abrir y cerrar de ojos todo yace extinto?


P.D. Suena el tecleo de fondo. Nada más. Mi papá prepara chocolate caliente, porque después de que supo que me encantaba, ahora lo prepara dos veces al día. La vida es muy buena y muy bonita hoy.


miércoles, 4 de junio de 2025

Sobrevivió el esqueleto

Aún me repongo de los estragos de Mayo, me pareció eterno, como si me hubieran metido tres meses en uno. A destacar resalto muchos acontecimientos, como por ejemplo que leí cuatro libros, dos de ellos en una misma semana:

*Stuart, A Life Backwards de Alexander Masters.
*The Hunger Games y *Catching Fire de Suzanne Collins. 
*Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

Para el primer libro, le escribí al autor en una de sus redes sociales, contándole lo que me había conmovido con la historia, que es acerca de una persona real que él conoció, y me respondió. Aquel hecho me hizo muy feliz.

Recuento:
En Mayo fui a cine dos veces (vi Thunderbolts* y Lilo & Stitch, la última con mi hermana). Asistí a un afrofestival con Lady Di. Me enfermé por segunda vez de una infección que no me daba hacía un año (hasta el día de hoy sigo tomando medicamentos para eso). Fui a un restaurante asiático que me gusta muchísimo por sus cócteles, a pesar de que no pude beber una gota de licor por los antibióticos. No he bebido alcohol desde hace un mes precisamente porque he estado saltando de enfermedad en enfermedad (no hay mal que por bien no venga). Hice nuevos conocidos. Abrí otro blog para hablar de mi hermana. Re-abrí mis redes sociales. Tuve crisis existenciales que me hundieron dos veces y llegué a la conclusión de que tengo un impedimento crónico en el que no puedo estar alegre más de tres días seguidos, al menos ese es el récord de alegría, tres días. Ni siquiera felicidad, esa solo la sentí una vez en todo el mes. Pensé en Dolores a diario de manera ansiosa (cosa que ya se ha calmado bastante), pero no sucumbí en ningún momento a esa desesperación. No he sucumbido en todo este tiempo. Me topé con blogs nuevos, esperando que nadie nunca se tope con el mío (mentira). Me hice un montón de planes, no cumplí ni uno. Me reinventé muchas veces, cada semana era una nueva.

Viendo hacia atrás, puedo valorar el mes que fue, todo lo que viví, pero experimentarlo de primera mano fue otra cosa muy distinta, se sintió como una montaña rusa de vueltas empinadas y mortíferas, aunque he aprendido a aguantar la respiración, a cerrar los ojos, a mantener la calma. Hasta ahora me recupero de las náuseas, requiero de medicina y ternura para remendar los daños colaterales. Supongo que de eso se trata la vida: de atravesar el tiempo como si de un campo minado se tratara, resultar invicto al final, pero magullado y distinto. 

A veces, cuando siento que estoy detestando un poco mi vida, me gusta recordarme que estoy viviendo la mayoría de cosas que quería para mí en mi adolescencia, y entonces intento levantarme un poco. 


P.D. Seguiré levantándome las veces que sea necesario, pero a veces, también es reconfortante dormir en el piso. Suena Possibly Maybe de Bjork al fondo.